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lunes, 3 de noviembre de 2014


(YO NO FUI) Las FARC niegan haber cometido crímenes de lesa humanidad.


La Habana, 1 nov (EFE).- Las Farc negaron hoy haber cometido crímenes de lesa humanidad en los más de 50 años que dura el conflicto colombiano, y dijeron que esas acusaciones son irreconciliables con la resistencia y apoyo popular que ha tenido la guerrilla.
En un comunicado dado a conocer hoy en La Habana por el líder guerrillero “Pablo Catatumbo”, negociador de las Farc en el proceso de paz con el Gobierno colombiano, el grupo rebelde reiteró que ha reconocido y asumirá sus responsabilidades en el conflicto.
Aclaró, no obstante, que presentar a las Farc como una organización relacionada con ese tipo de crímenes es consecuencia de que “algunas voces se han venido alzando buscando confundir al pueblo colombiano y a la comunidad internacional”.
“Evidentemente nuestras responsabilidades no son en ningún caso por la comisión de crímenes de guerra o de lesa humanidad”, señaló el texto leído ante periodistas por “Catatumbo”, alias de Jorge Torres Victoria.
“Ello se acredita atendiendo a que cuando en algunas de nuestras acciones militares (…) se han causado víctimas no combatientes, ello nunca se ha debido a la perpetración de ataques intencionados contra la población civil, sino debido a situaciones imprevisibles en unos casos y también a errores desafortunados en otros”, añadió.
La guerrilla también recalcó que su surgimiento como cuerpo insurgente fue consecuencia de las deficiencias del Estado colombiano para poner fin a la violencia y exclusión en el país, y a la “agresión sistemática” contra el campesinado.
“A un ejército campesino y popular no pueden exigírsele las mismas obligaciones que al inmenso Ejército regular del Estado”, dijo.
Las Farc explican que si hubieran “diseñado y ejecutado estrategias de persecución sistemática a la población civil inmediatamente habríamos confrontado con los amplios sectores populares cuyo apoyo nos es imprescindible para seguir existiendo”.
El pasado jueves la guerrilla admitió que sus acciones han afectado a población civil a pesar de que no ha sido “blanco principal ni secundario” de sus acciones.
El pronunciamiento realizado hoy por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) coincide con la llegada en esta jornada a Cuba de la cuarta delegación de víctimas del conflicto que participa en los diálogos de paz.
El proceso, con sede permanente en La Habana, cumplirá dos años este mes y actualmente debate el tema de las víctimas. EFE



(YO NO FUI) Las FARC niegan haber cometido crímenes de lesa humanidad.


La Habana, 1 nov (EFE).- Las Farc negaron hoy haber cometido crímenes de lesa humanidad en los más de 50 años que dura el conflicto colombiano, y dijeron que esas acusaciones son irreconciliables con la resistencia y apoyo popular que ha tenido la guerrilla.
En un comunicado dado a conocer hoy en La Habana por el líder guerrillero “Pablo Catatumbo”, negociador de las Farc en el proceso de paz con el Gobierno colombiano, el grupo rebelde reiteró que ha reconocido y asumirá sus responsabilidades en el conflicto.
Aclaró, no obstante, que presentar a las Farc como una organización relacionada con ese tipo de crímenes es consecuencia de que “algunas voces se han venido alzando buscando confundir al pueblo colombiano y a la comunidad internacional”.
“Evidentemente nuestras responsabilidades no son en ningún caso por la comisión de crímenes de guerra o de lesa humanidad”, señaló el texto leído ante periodistas por “Catatumbo”, alias de Jorge Torres Victoria.
“Ello se acredita atendiendo a que cuando en algunas de nuestras acciones militares (…) se han causado víctimas no combatientes, ello nunca se ha debido a la perpetración de ataques intencionados contra la población civil, sino debido a situaciones imprevisibles en unos casos y también a errores desafortunados en otros”, añadió.
La guerrilla también recalcó que su surgimiento como cuerpo insurgente fue consecuencia de las deficiencias del Estado colombiano para poner fin a la violencia y exclusión en el país, y a la “agresión sistemática” contra el campesinado.
“A un ejército campesino y popular no pueden exigírsele las mismas obligaciones que al inmenso Ejército regular del Estado”, dijo.
Las Farc explican que si hubieran “diseñado y ejecutado estrategias de persecución sistemática a la población civil inmediatamente habríamos confrontado con los amplios sectores populares cuyo apoyo nos es imprescindible para seguir existiendo”.
El pasado jueves la guerrilla admitió que sus acciones han afectado a población civil a pesar de que no ha sido “blanco principal ni secundario” de sus acciones.
El pronunciamiento realizado hoy por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) coincide con la llegada en esta jornada a Cuba de la cuarta delegación de víctimas del conflicto que participa en los diálogos de paz.
El proceso, con sede permanente en La Habana, cumplirá dos años este mes y actualmente debate el tema de las víctimas. EFE


lunes, 9 de junio de 2014


CONOCE A LOS ASESINOS : Historia de las guerrillas comunistas en América Latina.

Las organizaciones armadas nacieron en América Latina como una doble reacción. Por un lado, a los modelos sociales dominantes, que condenaban por considerar que se basan en la explotación del hombre por el hombre.

Y por otro, a las alternativas que ofrecía la izquierda tradicional, encarnada en los Partidos Comunistas y en la Unión Soviética, a los que criticaban por ser autoritarios y altamente burocratizados.

"Se habla de una nueva izquierda, porque parten de una crítica del marxismo ortodoxo del comunismo, y del marxismo reformista de los Partidos Socialistas. Tenían una nueva forma de entender la revolución", explica Julieta Bartoletti, profesora de Historia en la Universidad de Buenos Aires e investigadora del Conicet, en diálogo con Infobae.

El modelo de las organizaciones armadas

Los proyectos que aparecieron de la mano de la violencia política se plantean hacer un cambio revolucionario para construir una sociedad de tipo socialista. Ahí se abría un amplio espectro ideológico, porque confluían muchos paradigmas. Había vertientes que venían del marxismo clásico, pero que cuestionaban la ortodoxia soviética, otras que habían sido marginales, como el trotskismo, y a ellas se les sumaban las vertientes que provenían de la Iglesia y de la radicalización de los populismos", dice Bartoletti.

Así lo describe el periodista argentino Carlos Gabetta, ex militante del PRT-ERP, consultado por Infobae. "El proyecto declarado era 'el socialismo', con matices que iban desde el 'socialismo nacional' de las organizaciones peronistas, al 'internacionalismo proletario' y la 'dictadura del proletariado' de las marxistas. Esos eran los objetivos 'estratégicos'; puntualmente, todas luchaban contra la dictadura militar. No debe olvidarse que todas las 'orgas' nacieron durante la enésima dictadura militar en el país".

Tras el triunfo de Fidel Castro en 1959, Cuba pasó a ser un modelo a seguir para muchas ellas. "Pensar una revolución en América Latina suponía la liberación del imperialismo y la eliminación de la propiedad privada. La Revolución Cubana se convirtió en un paradigma cuando hizo el viraje de la revolución democrática antiimperialista a la socialista", agrega.

Si bien en muchos casos no había demasiadas precisiones respecto de cómo sería la sociedad del futuro, tres cosas estaban muy claras y en ellas coincidían todas las organizaciones. La primera es el lugar central de la lucha armada en la construcción del nuevo modelo social.

"Son pocas las organizaciones propiamente guerrilleras que se desarrollaron. La mayoría eran movimientos que usaban la violencia como una herramienta. El que más se desarrolló como guerrilla fue el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN), de Uruguay. Planteaba el uso de la violencia de manera descolocada y aparatista", cuenta Alondra Peirano, magíster del Programa de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile, en diálogo con Infobae.

"En cambio, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de Chile, y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT-ERP), de Argentina, hablaban de la necesidad de construir un partido. La violencia aparecía como un elemento más y el aparato militar no se confundía con el partido. En el MLN había una confusión entre medios y fines", agrega.

El segundo punto que estaba claro en todas las organizaciones es el lugar que les correspondía ocupar en el proceso revolucionario y en la sociedad a formar.

"En su declaración de principios -continúa- el MIR se definía como el partido de vanguardia del proletariado. Entendía que iba a tener un rol de conducción en el nuevo Estado obrero y popular".

"En ese sentido -dice Bartoletti- no rompían demasiado con la izquierda clásica, y es algo que sigue presente incluso en la izquierda actual".

El tercer punto en el que todas coincidían es en que su búsqueda no era sólo por transformar la sociedad, sino también por crear al "Hombre nuevo". Se trataría de un ser dispuesto a renunciar a su individualidad para entregarse completamente a la voluntad colectiva.

"Resumiendo, el 'hombre nuevo' era el que había definido Che Guevara: entregado a la causa del proletariado y el pueblo; dispuesto a dar la vida por ella. En el funcionamiento interno esto se reflejaba en una confianza absoluta hacia la dirección y el resto de los compañeros", dice Gabetta.

¿La organización como anticipo de la sociedad del futuro?

La gran mayoría de estas fuerzas políticas no llegó poner en práctica sus proyecto de país. A excepción del Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro en Cuba, y del Frente Sandinista en Nicaragua, todas fueron derrotadas antes de tomar el poder del Estado.

Pero en las formas de organizarse internamente se pueden ver algunos de los principios que pensaban trasladar al resto de la sociedad luego del triunfo revolucionario.

"Las organizaciones se estructuraban a partir de una meta ideológica, pero a la vez, de ciertas realidades concretas. La situación de clandestinidad las marcó mucho. Como no se podían hacer asambleas a cara descubierta para tomar decisiones, adoptaron el principio del centralismo democrático", dice Bartoletti.

"Si bien se decidía de manera relativamente consensuada una línea estratégica a seguir -continúa-, había una clara estructura vertical y jerárquica, que se transmitía desde las dirección hacia las bases. En el devenir de las organizaciones, al verse acorraladas, se volvieron sumamente autoritarias y por lo tanto muy ajenas al modelo de sociedad por el cual luchaban".

Lo mismo sostiene Gabetta. "Se hablaba de democracia interna, pero en realidad era un régimen estrictamente centralizado, de 'ordeno y mando' militar, sobre todo desde que el 'brazo armado' empezó a tomar preponderancia sobre el 'político'".

Para Peirano, en cambio, la forma de organización elegida era concordante con su proyecto de sociedad. "Ese centralismo democrático era bastante coherente con la idea de una sociedad regida por el Estado. Se replicaba una lógica verticalista, que es la misma que se daría en la proyección de un Estado obrero y popular".

Algo parecido se puede decir de la formación del "hombre nuevo", que si bien no llegó a ponerse en práctica a nivel país, las organizaciones buscaron hacer realidad en sus propios militantes.

"Su modelo de sujeto es el militante. No había mucha apertura a hubiera otro tipo de subjetividad. Todo venía pautado desde el partido, que exigía a las personas que postergaran su individualidad por el proyecto colectivo", cuenta Peirano.

"Esta idea -dice Bartoletti- empezó como una motivación muy fuerte para el autosacrificio, pero en muchos casos comenzó a ser la justificación para medidas de control de todos los aspectos de la vida de los militantes por parte de las conducciones. La proletarización y la observancia una determinada moral indicaban si el militante respondía al ideal del hombre nuevo o no".

"Son cosas que terminaron siendo parte de ese sistema sumamente represivo que se fue constituyendo con el tiempo en muchas organizaciones. Estos procesos no se dieron en las que tuvieron corta vida, sino en las que se institucionalizan y se masificaron, o bien se consolidaron organizativamente como grupos muy pequeños", agrega.

La autocrítica

Algunos ex guerrilleros, que mientras participaron de la lucha armada estaban muy convencidos de lo que hacían, fueron elaborando un importante arrepentimiento.

"Hay dos grandes críticas -dice Bartoletti. Una tiene que ver con la idea global de que la violencia política puede ser la vía de construcción del socialismo. Es un rechazo a la violencia desde un punto de vista moral. Otra gran vertiente de crítica tiene que ver con las estrategias políticas concretas de las organizaciones".

"En esos casos, la crítica muchas veces se cruza con el señalamiento del carácter autoritario que fueron adoptando. Y aparece esta idea de que las conducciones se aislaron, se militarizaron, dejaron de lado el análisis político y se equivocaron", concluye.

FUENTE Infobae

CONOCE A LOS ASESINOS : Historia de las guerrillas comunistas en América Latina.

Las organizaciones armadas nacieron en América Latina como una doble reacción. Por un lado, a los modelos sociales dominantes, que condenaban por considerar que se basan en la explotación del hombre por el hombre.

Y por otro, a las alternativas que ofrecía la izquierda tradicional, encarnada en los Partidos Comunistas y en la Unión Soviética, a los que criticaban por ser autoritarios y altamente burocratizados.

"Se habla de una nueva izquierda, porque parten de una crítica del marxismo ortodoxo del comunismo, y del marxismo reformista de los Partidos Socialistas. Tenían una nueva forma de entender la revolución", explica Julieta Bartoletti, profesora de Historia en la Universidad de Buenos Aires e investigadora del Conicet, en diálogo con Infobae.

El modelo de las organizaciones armadas

Los proyectos que aparecieron de la mano de la violencia política se plantean hacer un cambio revolucionario para construir una sociedad de tipo socialista. Ahí se abría un amplio espectro ideológico, porque confluían muchos paradigmas. Había vertientes que venían del marxismo clásico, pero que cuestionaban la ortodoxia soviética, otras que habían sido marginales, como el trotskismo, y a ellas se les sumaban las vertientes que provenían de la Iglesia y de la radicalización de los populismos", dice Bartoletti.

Así lo describe el periodista argentino Carlos Gabetta, ex militante del PRT-ERP, consultado por Infobae. "El proyecto declarado era 'el socialismo', con matices que iban desde el 'socialismo nacional' de las organizaciones peronistas, al 'internacionalismo proletario' y la 'dictadura del proletariado' de las marxistas. Esos eran los objetivos 'estratégicos'; puntualmente, todas luchaban contra la dictadura militar. No debe olvidarse que todas las 'orgas' nacieron durante la enésima dictadura militar en el país".

Tras el triunfo de Fidel Castro en 1959, Cuba pasó a ser un modelo a seguir para muchas ellas. "Pensar una revolución en América Latina suponía la liberación del imperialismo y la eliminación de la propiedad privada. La Revolución Cubana se convirtió en un paradigma cuando hizo el viraje de la revolución democrática antiimperialista a la socialista", agrega.

Si bien en muchos casos no había demasiadas precisiones respecto de cómo sería la sociedad del futuro, tres cosas estaban muy claras y en ellas coincidían todas las organizaciones. La primera es el lugar central de la lucha armada en la construcción del nuevo modelo social.

"Son pocas las organizaciones propiamente guerrilleras que se desarrollaron. La mayoría eran movimientos que usaban la violencia como una herramienta. El que más se desarrolló como guerrilla fue el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN), de Uruguay. Planteaba el uso de la violencia de manera descolocada y aparatista", cuenta Alondra Peirano, magíster del Programa de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile, en diálogo con Infobae.

"En cambio, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de Chile, y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT-ERP), de Argentina, hablaban de la necesidad de construir un partido. La violencia aparecía como un elemento más y el aparato militar no se confundía con el partido. En el MLN había una confusión entre medios y fines", agrega.

El segundo punto que estaba claro en todas las organizaciones es el lugar que les correspondía ocupar en el proceso revolucionario y en la sociedad a formar.

"En su declaración de principios -continúa- el MIR se definía como el partido de vanguardia del proletariado. Entendía que iba a tener un rol de conducción en el nuevo Estado obrero y popular".

"En ese sentido -dice Bartoletti- no rompían demasiado con la izquierda clásica, y es algo que sigue presente incluso en la izquierda actual".

El tercer punto en el que todas coincidían es en que su búsqueda no era sólo por transformar la sociedad, sino también por crear al "Hombre nuevo". Se trataría de un ser dispuesto a renunciar a su individualidad para entregarse completamente a la voluntad colectiva.

"Resumiendo, el 'hombre nuevo' era el que había definido Che Guevara: entregado a la causa del proletariado y el pueblo; dispuesto a dar la vida por ella. En el funcionamiento interno esto se reflejaba en una confianza absoluta hacia la dirección y el resto de los compañeros", dice Gabetta.

¿La organización como anticipo de la sociedad del futuro?

La gran mayoría de estas fuerzas políticas no llegó poner en práctica sus proyecto de país. A excepción del Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro en Cuba, y del Frente Sandinista en Nicaragua, todas fueron derrotadas antes de tomar el poder del Estado.

Pero en las formas de organizarse internamente se pueden ver algunos de los principios que pensaban trasladar al resto de la sociedad luego del triunfo revolucionario.

"Las organizaciones se estructuraban a partir de una meta ideológica, pero a la vez, de ciertas realidades concretas. La situación de clandestinidad las marcó mucho. Como no se podían hacer asambleas a cara descubierta para tomar decisiones, adoptaron el principio del centralismo democrático", dice Bartoletti.

"Si bien se decidía de manera relativamente consensuada una línea estratégica a seguir -continúa-, había una clara estructura vertical y jerárquica, que se transmitía desde las dirección hacia las bases. En el devenir de las organizaciones, al verse acorraladas, se volvieron sumamente autoritarias y por lo tanto muy ajenas al modelo de sociedad por el cual luchaban".

Lo mismo sostiene Gabetta. "Se hablaba de democracia interna, pero en realidad era un régimen estrictamente centralizado, de 'ordeno y mando' militar, sobre todo desde que el 'brazo armado' empezó a tomar preponderancia sobre el 'político'".

Para Peirano, en cambio, la forma de organización elegida era concordante con su proyecto de sociedad. "Ese centralismo democrático era bastante coherente con la idea de una sociedad regida por el Estado. Se replicaba una lógica verticalista, que es la misma que se daría en la proyección de un Estado obrero y popular".

Algo parecido se puede decir de la formación del "hombre nuevo", que si bien no llegó a ponerse en práctica a nivel país, las organizaciones buscaron hacer realidad en sus propios militantes.

"Su modelo de sujeto es el militante. No había mucha apertura a hubiera otro tipo de subjetividad. Todo venía pautado desde el partido, que exigía a las personas que postergaran su individualidad por el proyecto colectivo", cuenta Peirano.

"Esta idea -dice Bartoletti- empezó como una motivación muy fuerte para el autosacrificio, pero en muchos casos comenzó a ser la justificación para medidas de control de todos los aspectos de la vida de los militantes por parte de las conducciones. La proletarización y la observancia una determinada moral indicaban si el militante respondía al ideal del hombre nuevo o no".

"Son cosas que terminaron siendo parte de ese sistema sumamente represivo que se fue constituyendo con el tiempo en muchas organizaciones. Estos procesos no se dieron en las que tuvieron corta vida, sino en las que se institucionalizan y se masificaron, o bien se consolidaron organizativamente como grupos muy pequeños", agrega.

La autocrítica

Algunos ex guerrilleros, que mientras participaron de la lucha armada estaban muy convencidos de lo que hacían, fueron elaborando un importante arrepentimiento.

"Hay dos grandes críticas -dice Bartoletti. Una tiene que ver con la idea global de que la violencia política puede ser la vía de construcción del socialismo. Es un rechazo a la violencia desde un punto de vista moral. Otra gran vertiente de crítica tiene que ver con las estrategias políticas concretas de las organizaciones".

"En esos casos, la crítica muchas veces se cruza con el señalamiento del carácter autoritario que fueron adoptando. Y aparece esta idea de que las conducciones se aislaron, se militarizaron, dejaron de lado el análisis político y se equivocaron", concluye.

FUENTE Infobae